jueves, 19 de septiembre de 2013

Teoría y Práctica de Valores


                                       
 

Facilitadora: Susana Morales Silva




Lectura N° 1: El caso de Teresa
Un bebé acaba de nacer, pero nadie a su alrededor se comportaba como la gente suele comportarse en un parto, porque este bebé ha llegado al mundo con un cerebro deficiente. En términos médicos, este bebé padece de anencefalia; sólo tiene la parte más primitiva del cerebro, aquella situada encima de la médula espinal y que controla los latidos cardiacos, la respiración y demás funciones autónomas (más o menos automáticas) que mantienen con vida a un cuerpo. El bebé, una niña a quien sus padres han puesto por nombre Teresa, nunca podrá reconocer sus rostros ni a ninguna otra persona o cosa en el mundo. Nunca podrá pensar ni hablar, ni tener ningún tipo de interacción con nadie. El personal médico del hospital donde ha nacido asegura que en unos días, quizá semanas, la niña habrá muerto.

En la esperanza de encontrar algún significado a esta tragedia, sus padres toman la dolorosa decisión de donar sus órganos, con el fin de que otros niños puedan seguir viviendo. Para los padres de Teresa, esto significa que su breve vida y su muerte tendrán un significado. Si esperan a que sobrevenga su muerte natural, sus órganos se habrán deteriorado a tal punto que ya no serán idóneos para un transplante. ¿Debe permitírseles que autoricen la donación de los órganos de Teresa mientras la pequeña está con vida (conforme a ciertas definiciones médicas, aunque no necesariamente conforme a toda las definiciones, y teniendo en cuenta, además, que esto sucede en Estados Unidos, donde según las leyes de algunos estados Teresa sigue con vida y según las leyes de otros estados la pequeña no está viva)?

Los deseos de los padres se basan en resultados. Por mucho que ellos lo desearan, su bebé nunca saldría del hospital con ellos. Nunca tendrá vida en el sentido en que ellos entienden el término. Todo su interés está ahora en revestir de significado la fugaz existencia de Teresa y su muerte prematura. Si otro niño u otros niños pudieran vivir después de recibir los órganos de Teresa, los padres de la pequeña se sentirían consolados. Su dolor se vería mitigado al saber que su hija seguía, en cierta forma, viva en otros niños. Para algunos de los receptores, el corazón o el hígado significarían la diferencia entre la vida y la muerte; para otros, recibir un órgano significaría una gran mejora de la calidad de vida.

El resultado que ellos más hubieran deseado –un bebé sano que llevarse a casa y amarlo- les ha sido negado, pero entre los muchos resultados posibles, los padres eligen la donación de órganos como la mejor posibilidad para ellos, para los demás niños y para su hija. No habría, desde su punto de vista, absolutamente nada que ganar contemplando el deterioro de los órganos de su hija hasta el punto en que, en el momento inevitable de su muerte, quedaran inservibles.

Una vez que ha escuchado los deseos de los padres, el consejo de ética del hospital se ha reunido en sesión de emergencia para decidir la cuestión. Si bien todos sus miembros están comprometidos a hacer lo moralmente correcto, también están conscientes de las sinceras diferencias de opinión que existen al respecto. Todo el mundo es solidario con el dolor de los padres, pero también todos están pendientes de la publicidad que sin duda rodeará al caso y a sus numerosas ramificaciones legales. Aquello que decidan tendrá implicaciones a largo plazo.

Uno de los miembros del consejo, un médico, comienza recordando a todos los demás colegas que han hecho el juramento de preservar la vida. Como médicos, no pueden tomar la vida de un paciente para salvar las vidas de otros, ni aun cuando exista la certeza de que la vida de Teresa será breve. Mientras el bebé tenga vida, tiene derecho a su atención y protección, y a ellos no les corresponde en absoluto jugar a ser Dios y disponer de sus órganos mientras su cuerpo los mantenga con vida. Su vida y sus órganos, están en sus manos. Cuando la niña muera, sus padres podrán tomar todas las decisiones que crean oportunas acerca del destino de sus órganos, pero mientras sea una paciente con vida, deben valerse de todos los recursos médicos para asegurar que la vida de Teresa se preserve.

Otro miembro del consejo, un abogado, se centra en la comparación de personas en edad madura cuyos cuerpos “viven” pero que carecen de actividad cerebral. Existen precedentes legales y médicos para retirar a esos pacientes de los sistemas que les prolongan la vida y permitirles que mueran. Teresa se halla en una situación similar. Puesto que no posee actividad cerebral –el electroencefalograma (EEG) mostraría una línea plana- Teresa es en esencia un cuerpo carente de cerebro. En ella no cabe confusión con otros pacientes que, lesionados o enfermos, incluso graves, conservan su capacidad de raciocinio y poseen existencia mental. Podríamos incluso, observa este miembro del consejo, hacerle un favor a este bebé, al terminar su breve, inútil y posiblemente dolorosa vida. La diferencia en el caso de Teresa consiste en que sus órganos tendrían que ser extraídos en presencia de un “corazón que late”.
Un tercer miembro del consejo, un sacerdote, discrepa y hace hincapié en que, ya sea que Teresa encaje o no dentro de la definición de persona, es, en efecto, una persona conforme a las leyes del estado y a la ley de Dios, quien la creó. Sólo respetando la vida en todas sus formas –tanto a aquellos que son similares a nosotros como a quienes son radicalmente diferentes- podemos seguir un curso de acción verdaderamente moral. Si perdemos un respeto vital por la vida del individuo, abrimos las puertas a abusos tales como los cometidos en los campos de exterminio nazis y en las celdas de tortura de las prisiones de todo el mundo. Nunca podemos llevar a cabo aquello que sea meramente conveniente cuando se trata de la vida de un ser humano; siempre debemos preguntarnos qué le debemos a esa persona como individuo. Lógicamente a Teresa le debemos la vida tanto tiempo como sea posible; no hay cabida para otros argumentos.

La siguiente persona que expresa su opinión, una enfermera, se pregunta acerca de las otras vidas –algunas de ellas en ese mismo hospital- que podrían salvarse si acortamos la vida de este otro bebé en una semana cuando mucho. Luego de mencionar los casos de varios bebés y niños de corta edad, cuyos pronósticos de vida son sombríos, la enfermera observa que sin los órganos donados, casi todos ellos morirán en el plazo de un mes porque ninguno de ellos tiene las suficientes probabilidades en una lista de espera de que el órgano que necesitan les llegue a tiempo. Estamos jugando a la ruleta; ponemos en riesgo algo bueno y cierto, frente a algo malo e incierto. Teresa carece por completo “de calidad de vida”, pues no está consciente de nada cuando ocurre a su alrededor. Ser una persona significa estar consciente del mundo que te rodea y ser capaz de interactuar con él. Ciertamente, no debemos provocarle en absoluto ningún dolor indebido, pero nada obtenemos al respetar una personalidad de la que es obvio que Teresa carece.

Un representante de la comunidad, por su parte, observa que las discusiones acerca de qué elementos constituyen a una persona como tal, u otras disquisiciones éticas o teóricas no van a resolver nuestro problema. Podemos –y así lo haremos-  discrepar en cuanto a estos temas abstractos durante toda la noche y no nos ayudará en nada a decidir qué debe hacerse en este caso. La ética, para esta persona, involucra cuidado, lo cual hace de este asunto algo muy sencillo: Debemos cuidar a Teresa. Si vive dos días, una semana, dos semanas, un mes o cincuenta años, nuestra obligación consiste en hacer cuanto sea posible por que su vida esté libre de dolor y sea lo más satisfactoria posible. Nos dedicamos a procurar salud, y, si ello no es posible, procuramos cuidado. No debería permitirse que nadie muera sin recibir un cuidado amoroso. Este argumento sirve tanto para un paciente anciano y con una enfermedad terminal como para Teresa. Si perdemos de vista esta importante consideración, no estaríamos muy lejos de conceptuarnos como una sociedad anónima comercial y comenzar a basar todas nuestras decisiones en la “línea de producción”.

Este punto de vista no me parece malo, dice un administrador del hospital. Está bien y es positivo hablar acerca del cuidado y calidad de vida de Teresa, pero lo fundamental es que mientras ella utiliza los tan caros recursos de este hospital para vivir un día o dos más, nosotros gastamos preciados dólares en cuidado de salud que podrían gastarse en cuidado prenatal para las madres de la comunidad o para proporcionar vacunas que erradiquen las enfermedades de la infancia. ¿Por qué utilizar nuestros recursos limitados en un paciente que no vivirá, todos coincidimos en esto, más allá del día 15 de este mes? Lo que conseguiremos no será ayudar a la niña, sino obstruir más a nuestro ya sobrecargado cuerpo médico. No existe una base racional para comprometernos a mantener con vida a este bebé, una vez que sus padres han tomado la apreciable decisión de donar sus órganos.





Lectura N° 2: “Los Valores”[1]
Noción de Valor

·       El ser humano por su especial contextura de ser inacabado experimenta la urgencia de satisfacer una serie de necesidades de diversa índole e importancia. Todo aquello que responda y satisfaga a tales urgencias es considerado valioso pues sirve para completar diferentes dimensiones de la persona: físicas, intelectuales, espirituales. Un valor es todo aquello que satisface una necesidad humana.

Tipos de Valor

·       Existen diferentes tipos de valores: económicos, políticos, estéticos, vitales, religiosos, teoréticos, culturales y éticos.

Características de los valores

·       Bipolaridad: todo valor tiene un polo negativo y un polo positivo.
·       El rango: un  valor no es superior a otro, la superioridad de un valor se aprehende por un acto especial que es “el preferir” subjetivo que cada persona hace de los valores que asume para guiar su conducta. Por tal característica, los valores no pueden ser clasificados en orden de importancia, sino que son jerarquizados por cada persona conforme a sus preferencias.

Jerarquía de valores

·       Cada persona establece su jerarquía de valores, es decir, prioriza, ordena y articula los valores a partir de los fines que se ha trazado para dar sentido a su vida.

La materia del valor moral

·       El valor moral tiene por materia las acciones libres en las que el ser humano se define a sí mismo.
·       La naturaleza que  sustenta el valor moral es  la acción humana, es decir, entra dentro de la estructura dinámica del ser humano, que es la que define a la persona.

Características Específicas de los Valores Éticos
Compromiso Interno

·       El valor moral hace referencia directa en inmediata a la subjetividad entendida como intencionalidad, como libertad y compromiso.
·       Lo especifico del valor moral está en la intención del sujeto, incluye tanto la dimensión objetiva como la dimensión subjetiva de la acción moral

Tabla de Valores Éticos

·       Valores Éticos Antropológicos son los rectores del sistema axiológico de toda la persona. Estos son: La dignidad humana, que es el valor fundamental del resto de valores. Son también valores antropológicos, la libertad y la igualdad.

·       Valores éticos individuales son los que cada persona elige, se apropia de estos valores para regir su conducta: verdad, amistad, autoestima, autonomía, sinceridad, franqueza, respeto, sencillez, diligencia, espiritualidad, honradez, bondad, serenidad, gratitud, admiración, atención, escucha, organización, constancia, crítica, dinamismo, cortesía, empatía, paciencia, humildad.

·       Valores éticos sociales son aquellos valores básicos que la persona elige y comparte con otras personas a fin de lograr la convivencia en pacífica, la vida democrática. Son valores sociales la justicia, solidaridad, equidad, confianza, reciprocidad, diálogo, cooperación, colaboración, diálogo, pluralismo.

Relación entre valores y cualidades de la personalidad

·       La personalidad es el carácter que nos formamos, es la expresión superior del mundo subjetivo de cada persona, que se expresa en el comportamiento del sujeto y refleja sus cualidades internas.

·       Cuando la persona logra su autonomía a partir de valores éticos que dirigen responsablemente su conducta, se puede afirmar que los valores son cualidades o VIRTUDES de la personalidad, lo que supone un nivel de autoconciencia sobre los valores y que los valores tienen un sentido personal para el sujeto.

Las Virtudes
·       Las virtudes son un conjunto de valores que sirven de guía  a la persona en la toma de decisiones, y son su soporte y apoyo a la hora de actuar.

VIRTUDES
CONJUNTO DE VALORES
Perseverancia
Constancia, paciencia, organización, diligencia, autoestima, optimismo
Honestidad
Verdad, respeto, sinceridad, franqueza, confianza, humildad
Solidaridad
Empatía, generosidad, comprensión
Profesionalidad
Eficiencia, organización, diligencia, crítica, honradez
Cooperación
Empatía, confianza, reciprocidad, diálogo, escucha, ayuda, tolerancia

Los Valores en la sociedad actual: relativismo, subjetivismo, politeísmo, pluralismo moral, Ética Cívica o Ética de Mínimos.
Relativismo moral: Esta postura sostiene que la calificación moral de una acción depende de la cultura o del grupo humano.  Así, cada época, raza, pueblo o civilización tiene su propia escala de valores, llegan a la conclusión de que no hay valores universalizables, sino que el mundo de las valoraciones es siempre relativo a tradiciones, culturas.

Como las tradiciones y culturas son diversas, y las circunstancias son cambiantes, ningún conocimiento o principio moral, según esta postura, es objetivo o universal. Es decir, el relativismo postula que ningún conocimiento o principio moral es verdadero, independientemente de las opiniones de las personas o de sus circunstancias; ni tampoco, por esa misma razón, es válido para todos en todo tiempo y lugar. En realidad, el relativismo, en cuanto al conocimiento de la realidad en general, deviene en agnosticismo (la negación o la puesta en duda, de la capacidad del ser humano de conocer la verdad objetiva) y en cuanto al conocimiento de lo moral, en individualismo o subjetivismo.                                                                                                            

Subjetivismo moral: Consiste en creer que las cuestiones relativas a los valores morales son muy subjetivas, que en el ámbito de los valores cada persona elige una jerarquía de valores u otra, pero la elige por una especie de fe. Por eso se produce en el terreno de los valores una especie de politeísmo moral que consiste en que cada uno “adora” a su dios, acepta su jerarquía de valores y es imposible encontrar un acuerdo argumentado, un acuerdo intersubjetivo.

Ciertamente, en las sociedades con democracia liberal, está muy extendida la convicción de que las cuestiones morales son subjetivas o relativas a cada sociedad o cultura y de que el pluralismo consiste en tolerar las opciones ajenas. Sin embargo, esto no sería pluralismo, sino politeísmo. Afortunadamente, no es este el modo de moral vigente en las sociedades actuales o, al menos, el modo vigente en la conciencia social de lo que debería ser.

El pluralismo moral, a diferencia del politeísmo, exige al menos un mínimo de coincidencia, no alcanzada a través de pactos o negociaciones, sino de un conjunto de valores y normas que comparten los miembros de una sociedad pluralista, sean cuales fueren sus concepciones de vida buena, sus proyectos de vida feliz.

El pluralismo moral es incompatible con el subjetivismo y el relativismo moral, ya que el relativismo supone que lo correcto o lo bueno depende de las culturas o de los grupos, o de las jerarquías individuales, mientras que el pluralismo reconoce unos mínimos comunes, válidos para todos.

Ética Cívica: Los valores que componen ese mínimo común conforman la Ética Cívica, que es la piedra angular para construir las diversas éticas profesionales, lo mismo que la ética de las instituciones y las organizaciones.

La Ética Cívica es el conjunto de valores y normas que comparten  los miembros de una sociedad pluralista, independientemente de sus concepciones de vida buena. Ciertamente, las personas desean ser felices y desean serlo a través de diversas dimensiones: La dimensión familiar, por la cual son miembros de una familia; la dimensión religiosa, por la cual son miembros de una comunidad de creyentes; la dimensión profesional, por la cual están enroladas en profesión. Sin embargo, a todas ellas les une el hecho de ser miembros de una sociedad, de una comunidad cívica, estrechamente ligados a otras personas, que formar parte de otras familias, otras comunidades de creyentes, otras profesiones.

Por eso la ética cívica es una ética de las personas en cuanto ciudadanas, es decir, en cuanto miembros de una polis, de una civitas, de un grupo social que no es exclusivamente religioso, ni exclusivamente familiar, ni tampoco estatal, sino que engloba las diversas dimensiones de las personas (religiosas, familiares, profesionales) las aglutina y crea un lazo entre todos los que profesan distinta fe, pertenecen a distintas familias y desempeñan distintas profesiones, comparten el espacio con distintos vecinos, pero no puede pretender en modo alguno absorber todas esas dimensiones de la vida social. Conviene siempre recordar que la reducción de las dimensiones sociales, la reducción de la pluralidad, mata la vida.



Bruce Lipton (Lectura N° 3)
 Nacido el 21 de octubre de 1944, 68 años,  Kisco, New Cork (EE. UU.), es un biólogo celular estadounidense, considerado una de las principales y más controvertidas voces en la nueva biología, contraria al paradigma darwinista y partidaria de que el entorno y la cooperación (tesis de Lamarck) y no los genes son el auténtico motor de la vida. Es autor del best seller La biología de la creencia.
Biografía
Bruce H. Lipton, es doctor en biología celular por la Universidad de Virginia en Charlottesville (1972). Su mentor fue el Dr. I. R. Konigsberg.1 Ha sido profesor e investigador en varias universidades y colegios universitarios de diversos países. El primer lugar, entre 1973 y 1982, ejerció como profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Wisconsin, donde además desarrolló diversas investigaciones, algunas de ellas sobre el entorno como regulador de la actividad génica, consideradas como precursoras de la Epigenética.2 3 Lipton se convirtió en uno de los pioneros en la investigación con células madre, concretamente sus estudios se centraron en los mecanismos moleculares que controlan el comportamiento celular.4 5 Una técnica de trasplante experimental desarrollado por el Dr. Lipton y su colega, el Dr. Ed Schultz, fue empleada más tarde como una nueva forma de ingeniería genética humana.6
Posteriormente, debido a una crisis personal, abandonó la universidad formando una banda musical de rock and roll,7 hasta que en 1983 volvió a la enseñanza y la investigación. Ya en 1988, en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, se convirtió en un vehemente partidario de la nueva biología, que cuestiona la versión darwinista de la evolución y la premisa básica de que los genes controlan la vida. Siendo un pionero del estudio científico de la biología celular, realizó una serie de experimentos junto al jefe del departamento de patología, Dr. Klaus Bensch, que le llevaron definitivamente a adoptar su visión alternativa de que el medio era el auténtico motor, y con la que disentía ya abiertamente de aquellas premisas básicas neodarwinistas.8 9 Sus experimentos, junto a los de otros investigadores en el campo de la biología, han examinado minuciosamente los mecanismos mediante los cuales las células reciben y procesan información.
Lipton ha impartido enseñanza sobre biología celular, histología, anatomía humana, fisiología, embriología médica, biología fractal, biología de la conciencia, biología de la medicina complementaria e inmunología.
Además de numerosos artículos científicos, publicados en las más prestigiosas revistas de ciencia norteamericanas, ha escrito y también colaborado en diversos libros, algunos de ellos textos académicos. También ha participado y participa en numerosos documentales, programas de radio y televisión, cursos y talleres, además de una intensa actividad como conferenciante.
Se le ha concedido el premio al mejor libro de ciencia en 2006, por la USA Book News,10 y el Premio Goi a la paz por la Goi Peace Foundation (Tokyo, Japón), en 2009.11
Pertenece a la American Association for the Advancement of Science (Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia) y a la Association for Prenatal and Perinatal Health and Psychology, de la que es miembro de su junta directiva.
Teorías
Lipton postula cuatro propuestas fundamentales:
  • La «cooperación» es la base de la evolución para la supervivencia, y no un acto competitivo, como también indica Darwin, entre los organismos más fuertes. Siendo los organismos con mayor capacidad de trabajar conjuntamente los que sobreviven. Entendiendo el sistema orgánico como el conjunto de elementos con capacidad de interactuar desde la especialización del trabajo y la cooperación para la resolución de problemas.
  • Y puesto que los seres humanos como organismos vivos, tampoco estamos determinados por nuestros genes, sino condicionados por el entorno y sobre todo por nuestras «creencias», somos dueños absolutos de nuestro destino.
  • La personalidad y la salud de los individuos se conforma como un «aprendizaje» en el vientre materno y en la niñez hasta aproximadamente los seis años.
Entorno
Lipton parte de una idea básica fundamental, que no es el núcleo sino la membrana celular el auténtico «cerebro» de la célula. Ello lo explica mediante un relativamente sencillo experimento, inicialmente diseñado para probar que el núcleo y sus genes eran el auténtico cerebro celular. Si se enuclea una célula, es decir si se le extrae el núcleo, ésta no morirá, sino que continuará viviendo (hasta más de dos meses)8 12 y teniendo las mismas funciones que antes de la enucleación; ingerir y metabolizar sus alimentos, respirar, digerir, excretar, motilidad, etc. Y además de conservan la capacidad de intercambiar información con otras células y desarrollan las apropiadas respuestas de crecimiento o protección desencadenadas por los estímulos del medio externo. Aunque hay dos acciones que la célula no puede realizar, no puede dividirse ni puede reproducir las partes proteicas que se pierden a causa del propio desarrollo de la célula, lo que en última instancia le acarreará la muerte. Su conclusión es, que las células enucleadas siguen manteniendo los comportamientos vitales complejos y coordinados, y por tanto el cerebro de la célula sigue intacto. La célula no muere al extraerle el supuesto cerebro o sistema nervioso central, como ocurre con cualquier organismo vivo. Muere porque ha perdido su capacidad reproductora, por ello mas bien el núcleo y los genes serían el aparato reproductor.13 14
El auténtico cerebro de la célula sería por contra la membrana celular. La información se introduce en la célula a través de las proteínas receptoras de la membrana. Los receptores provocan a su vez las proteínas efectoras (de acción) y convierten la información del entorno en el lenguaje conductual biológico.15 Las proteínas serían pues las responsables de la estructura y las funciones de los organismos biológicos.16 Las señales medioambientales provocan cambios en la forma de las proteínas, y los movimientos resultantes de esos cambios originan las funciones vitales.17 Y por tanto los interruptores proteicos (cada interruptor compuesto por un receptor y un efector proteico) situados en la membrana celular responden a las señales medioambientales mediante la regulación del comportamiento y las funciones celulares.18
De sus estudios, Lipton concluyó que la membrana celular se comporta exactamente igual que un «semiconductor de cristal líquido con puertas y canales», por tanto estructural y funcionalmente es equivalente a un chip de cristal de silicio de un computador, es decir un microprocesador.19 Esta hipótesis fue confirmada posteriormente por un grupo de investigadores dirigidos por B.A. Cornell, que concluyó que no solo se parecía a un chip, sino que funcionaba como si lo fuera.20
Y sería, en definitiva, la membrana la que procesa la información y dirige la percepción de la célula. Si perciben, a través de la información que le llega, que el ambiente es seguro, la célula funcionará para crecer, si perciben que no lo es, funcionará para sobrevivir.21
Lipton no duda de la importancia de los patrones de ADN almacenados en el núcleo, pero indica que no controlan las operaciones celulares. Señala que el dogma central de la biología,22 conocido por «La supremacía del ADN», que postula un flujo de información unidireccional: ADN ARN Proteínas, no es cierto. Indica que el ADN, que es el molde de lo que se reproducirá, y que constituye el núcleo de los cromosomas, está recubierto por proteínas reguladoras, pero cuando los genes están cubiertos su información no puede ser reproducida sin más. Se necesita una señal externa que controle a las proteínas reguladoras y finalmente son estas las que controlan la actividad génica. Por tanto dicho flujo, sería el siguiente: Señal ambiental Proteínas reguladoras ADN ARN Proteínas. En consecuencia la actividad génica está regulada por la presencia o ausencia de las proteínas reguladoras, que a su vez están controladas por las señales del entorno. Indica también, que el flujo de información ya no es unidireccional, sino bidireccional. Aduce por ejemplo el trabajo del Premio Nobel Howard Temin, precisamente por su descripción de la transcriptasa inversa, el mecanismo molecular mediante el cual el ARN puede reescribir el código genético. Básicamente indica que la información contenida en el ARN puede fluir en dirección contraria.23 O el trabajo de H. F. Nijhout, que resalta que los genes no son autoemergentes, no son más que planos y como tales no pueden activarse o desactivarse por si solos.24 Por tanto señala también, que no es posible que nos concentremos solo en los moldes (ADN), cuando diversos estudios sobre la síntesis de proteínas revelan que los «sintonizadores epigenéticos», pueden crear hasta treinta mil variantes de proteínas a partir de un mismo molde génico.25
También basa Lipton sus conclusiones, en los resultados del Proyecto Genoma Humano. Dicho proyecto partía de la base de que debía haber unos ciento veinte mil genes localizados en cada uno de los veintitrés pares de cromosomas humanos, que serían los moldes de los más de cien mil tipos de proteínas diferentes que componen nuestro organismo. Pero el resultado fue que solo se encontraron unos veinticinco mil genes.26 Lipton los compara con los veinticuatro mil genes del primitivo gusano Caenorhabditis, cuyo cuerpo está compuesto por 969 células y un cerebro formado por unas 302 neuronas.27 Lo que llevó a decir a David Baltimore, ganador de un Premio Nobel:
A menos que el genoma humano contenga un montón de genes que resultan invisibles para nuestros ordenadores, es evidente que nuestra incuestionable complejidad no se basa en que tengamos más genes que los gusanos o las plantas. Comprender cuál es el origen de nuestra complejidad (de nuestro descomunal repertorio de comportamientos, de la capacidad para llevar a cabo acciones conscientes, de nuestra extraordinaria coordinación física, de la habilidad para realizar cambios precisos en respuesta a las variaciones del entorno, del aprendizaje, de la memoria. ¿Es necesario que continúe?) seguirá siendo un enigma por descubrir en el futuro.
En definitiva, indica Lipton, el entorno y la percepción que de él tienen las células es el que interfiere en la regulación genética y guía la evolución del organismo, y no como postula el neodarwinismo sintético que son los genes los que lo dirigen (determinismo genético). Por tanto la evolución de nuestro cuerpo estaría regulada por las percepciones que tenemos del entorno, ya sea este el medio ambiente físico, cultural y social, además de los pensamientos y emociones propios.29
Cooperación
Lipton, reivindica a Jean Baptiste de Lamarck, que postulaba:
la evolución se basa en una interacción cooperativa e instructiva entre los organismos y el entorno que permite a los seres vivos sobrevivir y evolucionar en un mundo dinámico. Su idea era que los organismos adquieren y transmiten las adaptaciones necesarias para su supervivencia en un entorno cambiante
Bruce Lipton30
Y al que estima como el primer científico que consideró la evolución un hecho científico. Y cita en su libro, La biología de la creencia, al artífice principal del neodarwinismo (una actualización del darwinismo que incorpora la genética molecular), Ernst Mayr, que en su tratado Evolution and the Diversity of life,31 indica:
Me parece que Lamarck tiene mucho más derecho a reclamar el título de descubridor de la teoría de la evolución, como de hecho así lo consideran muchos historiadores franceses... Fue el primer autor que dedicó todo un libro a presentar una teoría de la evolución de los organismos. Fue el primero en presentar el sistema animal al completo como producto de la evolución.
Parte Lipton de la idea, de que cualquier ser vivo multicelular es en realidad una asociación altamente organizada de cientos, miles, millones o billones de células, y que esa tendencia hacia comunidades cada vez mayores no son más que el reflejo del imperativo biológico de la supervivencia. Cuanto mejor perciba un organismo el medio que lo rodea, más y mejores oportunidades tendrán de sobrevivir.
En las primeras etapas de la evolución, las células comenzaron a unirse para formar colonias de organismos pluricelulares, dichas colonias fueron adquiriendo un mayor conocimiento del medio en que vivían, y ese conocimiento fue aumentando sus posibilidades de sobrevivir en un mundo dinámico. Las células de dichos organismos, que al principio realizaban las mismas funciones, fueron especializándose, puesto que dejó de ser una ventaja el que todas las células hicieran lo mismo. Es el llamado en biología Proceso de diferenciación.33
También indica que los avances de la genética han revelado mecanismos de cooperación entre especies. Si hasta ahora se creía que los genes solo se transmitían a la descendencia entre organismos de la misma especie, diferentes estudios demuestran que los genes se comparten entre miembros de distintas especies, y que esa distribución de información mediante la transferencia genética acelera el proceso de evolución, puesto que los organismos pueden adquirir experiencias ya aprendidas por otros organismos.34 35 36 37
En realidad cuanto mejor perciba un organismo el medio que le rodea, más oportunidades tendrán de sobrevivir y cuando las células se agrupan aumentan su consciencia del entorno de un modo exponencial. Ello lo extrapola a toda la vida en general, y defiende la teoría de James Lovelock de que la Tierra es un superorganismo que utiliza la evolución para regular los excedentes de su complejo metabolismo (Hipótesis Gaia). Apoyando también el estudio del científico Timothy Lenton,
Los rasgos evolutivos que benefician al sistema como un todo tienden a reforzarse, mientras que aquellos que alteran o desestabilizan el ambiente de una forma desfavorable son reprimidos
Timothy Lenton38

Creencias
Lipton indica que los interruptores proteicos situados en la membrana celular proporcionan básicamente un conocimiento del entorno a través de sensaciones físicas, y eso significa percepción.39 En consecuencia esos interruptores representan las unidades fundamentales de percepción y son capaces de responder a las señales externas, por tanto la percepción a través de la membrana controla el comportamiento celular.9
Pero, puesto que los organismos multicelulares son comunidades de células, la actividad de dichos organismos está igualmente controlada por la percepción que tienen del medio externo. Solo que en ese caso las células no actúan independientemente. Para regular ese comportamiento en todo el organismo, la evolución ha posibilitado el que un grupo de células se especialicen en esa función. El llamado Sistema Nervioso, que es el encargado de coordinar y regular dicho comportamiento global. Este sistema fue evolucionando incorporando un mayor número de células y órganos cada vez más especializados. Y de comportamientos reflejos elementales se pasó a poder aprender de experiencias anteriores. Por último, aparecieron ciertas estructuras en los humanos asociadas al pensamiento, la planificación y la toma de decisiones, y en apariencia donde se ubica el procesamiento mental de la autoconciencia. Además es autorefleja y tiene acceso a la mayor parte de nuestra memoria a largo plazo, por tanto podemos decidir cambiar nuestra programación ante las señales del entorno. Es decir podemos obviar la programación del subconsciente (libre albedrío).40
No obstante, los humanos podemos aprender de forma indirecta, no como ocurre con la mayoría de los organismos que necesitan estímulos directos. Pero ese aprendizaje puede contener información errónea o correcta. Y hay que tener en cuenta que nuestro consciente puede procesar unos 40 estímulos por segundo, mientras que nuestro subconsciente puede procesar unos 20 MO de estímulos por segundo,41 Y aquí, señala Lipton, es donde surge el problema, puesto que nuestro subconsciente funciona mediante un mecanismo de estímulo-respuesta. El subconsciente no espera a realizar un análisis de la situación, simplemente actúa. Y teniendo en cuenta que el 95% de nuestras decisiones, acciones, emociones y conductas provienen de nuestro subconsciente,42 si nuestras percepciones o aprendizaje no han sido correctos, nuestras respuestas tampoco lo serán.43 Es decir nuestras respuestas a los estímulos externos están controladas por nuestras percepciones e ideas, y que en realidad se convirtieron en creencias. Por tanto, concluye Lipton, las creencias controlan nuestra biología.44
Aprendizaje
Lipton indica que los padres actúan como ingenieros genéticos incluso antes de la concepción. Señala que los actos, pensamientos y emociones de los padres influirán tanto mental como físicamente en su futuro hijo. Y basándose en los estudios de diversos investigadores,45 46 reseña:
en la etapas finales de la maduración del óvulo y de los espermatozoides, se ajusta la actividad de los grupos de genes específicos que darán forma al niño que está por nacer mediante un proceso llamado «impresión genómica»
Bruce Lipton47
Después de la concepción, destaca también la importancia vital de la actitud de los padres en el desarrollo del feto. La madre por su interacción directa, y el padre por su relación con aquella. Por tanto todo el medio externo que afecta a los padres afectará a los nonatos dependiendo como perciban y procesen la información sus padres. Citando al psiquiatra Thomas R. Verny:
De hecho, el enorme peso de las evidencias científicas que han surgido durante la última década exige que reconsideremos las capacidades físicas e intelectuales de los nonatos. Tanto si están dormidos como despiertos, los estudios muestran que los nonatos perciben constantemente los actos, los pensamientos y los sentimientos de la madre. Desde el momento de la concepción, las condiciones del útero moldean el cerebro y establecen las bases de la personalidad, el temperamento emocional y la capacidad del pensamiento lógico del niño.
Thomas Verny48
También indica que el feto absorberá por el cordón umbilical, junto a los nutrientes, todas las demás substancias que circulen por la sangre de la madre, como exceso de glucosa, de cortisol u hormonas del estrés, y que todas ellas alterarán el desarrollo de la fisiología de su hijo y podrán dar lugar a futuras enfermedades.49 50 51 Por tanto el ambiente prenatal es de una importancia extrema, tanto física como intelectualmente, señalando por ejemplo que el componente de inteligencia heredado podría bajar sustancialmente.52 53 También indica que el sistema nervioso del feto posee un amplio repertorio de capacidades sensoriales y de aprendizaje, y una especie de memoria que los neurocientíficos denominan «memoria implícita» y que todo ello influirá profundamente en la salud y en su comportamiento a lo largo de su vida.54
Después de nacer, Lipton señala que un periodo de suma importancia, quizás el de mayor importancia de todos, es el que va desde el nacimiento hasta los seis años. Un periodo donde el cerebro opera en las frecuencias electroencefalográficas más bajas. Desde el nacimiento hasta los dos años, predominantemente entre 0.5 a unos 4 hertzios (ondas delta), y desde los dos años hasta aproximadamente los seis entre 4 y 8 hertzios (ondas theta).55 En dichos estados el sujeto es altamente sugestionable, abierto absolutamente al aprendizaje y pudiendo almacenar una increíble cantidad de información. Dicha capacidad es una adaptación neurológica muy importante que facilita el proceso de culturización, puesto que no sería ventaja evolutiva alguna transmitir los comportamientos culturales mediante instintos programados genéticamente. Y todos esos conocimientos se adquieren sin la participación activa de los padres, educadores, etc.56 Por tanto, los comportamientos, las actitudes y las creencias se almacenan en la memoria subconsciente, y cuando ello ocurre controlan toda la biología el resto de la vida. Pero hay que tener en cuenta, que el aprendizaje se realiza en el nivel de las percepciones (convertidos en senderos sinápticos rígidamente integrados), y que se transformarán en creencias subconscientes (no olvidar el poder de procesamiento del subconsciente ante el consciente descrito en el epígrafe anterior)41 a través de la que toda experiencia futura será filtrada y organizada.57
Las percepciones correctas conducen al éxito, las percepciones falsas amenazan la existencia.
Bruce Lipton.58



Lectura N° 4: FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA

CONFERENCIA DICTADA POR EL DOCTOR HUMBERTO MATURANA AL SER DISTINGUIDO,
EN LA UNIVERSIDAD DE TALCA, CON LA MEDALLA “ABATE JUAN IGNACIO MOLINA”

Me siento muy especial con esta bella medalla. Estoy muy agradecido de la Universidad de Talca, del honor con el cual me distingue y la verdad que es interesante, porque cuando yo era chico, pensaba que será de mí cuando sea grande. Jamás me imaginé que iba a recibir una medalla al mérito, y con un nombre tan distinguido como el del abate Juan Ignacio Molina.

Yo quiero hablar de los fundamentos biológicos. Quiero sí antes completar una anécdota que he vivido. Completar dije, ¡por favor!, porque hay un pequeño episodio anterior que hace que esta anécdota tenga un sentido entre personas.

Después de la cena, de la comida, del almuerzo, (en la Moneda), pasamos a ese salón a conversar y antes que Pinochet se fuese, se me acercó Igor Saavedra, que en esa época era miembro de la Junta Directiva de la Universidad de Chile y me dice: ´´ Vamos a hablar con el Presidente ´´. “No”- le digo yo-“no quiero”. “Vamos a hablar con el Presidente, está solo”. “No, no”. “Vamos a hablar con el Presidente”- dice. Yo pienso “estamos en Chile, la tercera es la vencida. ¡Vamos!”. Así que nos acercamos e Igor Saavedra le dice: “Señor Presidente, tengo el placer de presentarle al doctor Maturana, distinguido biólogo”. Pinochet se vuelve hacia mí, me da la mano y me dice: “Comparto sus buenos deseos”. Y yo le digo “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Honestamente, ¿qué otra cosa podría haberle dicho? Esto es algo que todos los chilenos entendemos que significa. Si tengo un cierto deseo y es en serio, entonces tengo que hacer eso- a Dios rogando y con el mazo dando-. No basta con el deseo y después de eso, a la salida, pasa despidiéndose de los invitados, y se despide de mí con un “chao”, y yo le digo “chao”.

Yo creo que es interesante, porque ahí, efectivamente, nos encontramos como iguales, éramos dos campesinos conversando, dos chilenos, dos personas de esta tierra desde la cultura tradicional nuestra.

Quiero hacer una reflexión más en esa dirección y esta vez referirme a la Canción Nacional. Acabamos de escuchar al comienzo de esta ceremonia la Canción Nacional. Escuchamos  y aplaudimos; ¿y qué aplaudimos? Aplaudimos un canto ecológico y ético.

Fíjese que es interesante: ¡ah! Puro Chile es tu cielo azulado, puras brisas te cruzan también, es decir, hace referencia a la belleza de este mundo y es una invitación a cuidarla. La Canción Nacional es una invitación ecológica.

Pero luego viene la estrofa “o la tumba serás de los libres o el asilo contra la opresión”, que es una invitación ética.

¿Qué es la ética?  Yo pienso que si uno atiende a los momentos en los cuales uno habla de ética o de preocupación ética son  todos momentos en los cuales uno ve al otro y le importa lo que al otro o a la otra le pase con las cosas que uno hace. Y  si piensa que si lo que uno hace va a tener consecuencias negativas, uno se detiene, o sea, la preocupación ética tiene que ver con el ver, con el ver al otro en su legitimidad, y ¿qué estamos diciendo? “o el asilo contra la opresión o la tumba será de los libres”,  sino exactamente eso.

Y que éste sea un mundo en el cual los seres humanos surgimos en nuestra legitimidad y en conjunto contribuimos a que esto se conserve, que  sea parte de nuestro vivir cotidiano hasta el momento más importante de  la vida que es la muerte. Es una visión de un mundo que es acogedor y que cuidamos justamente por su belleza, que es la invitación ética de la Canción Nacional.

Yo pienso que es bueno que los chilenos aprendamos   nuestra Canción Nacional desde pequeños y que nos conmueva el cantarla. Pero es mucho mejor aún que entendamos que es una invitación ecológica  y una invitación ética.

Yo estaba haciendo una clase hace pocos días, donde hice referencia a una obra de Aldous Huxley que se llama El mundo feliz. Muchos de ustedes pueden haberla leído, otros la habrán visto en  una película que se  ha hecho, fue transmitida por televisión hace poco  y ha sido retransmitida varias veces. Y  yo quería destacar en esta clase el hecho  de que El mundo feliz  de Huxley es una obra de ciencia ficción, no es una utopía. Tiene elementos de utopía, pero no lo es.

La diferencia entre ciencia ficción y utopía está en la orientación de la emoción.

En la ciencia ficción uno hace una extrapolación de las coherencias científicas y tecnológicas del presente. Uno extrapola el presente.

Si estamos viviendo como estamos viviendo ahora. En este ámbito particular de entendimiento de lo científico, de lo tecnológico, de las relaciones humanas y seguimos viviendo así, entonces….  Esta será la visión del mundo, las circunstancias, los sucesos que podrán pasar  en la conservación de este conocimiento, de esa tecnología, de esa orientación en la cual uno está y proyectándolo más allá…esa es la ciencia ficción. Si ustedes  miran las obras de ciencia ficción: cine, teatro, eso es lo que tienen de particular.

Las utopías hacen referencia a una cosa muy diferente.

En la utopía hay añoranza y la añoranza es un deseo de recuperar, de tener algo que se perdió, pero que uno sabe que estuvo  y que es deseable.

La ciencia ficción tiene que ver con la extrapolación hacia el futuro del presente; la utopía tiene que ver con el deseo de recuperar, y obtener algo que uno sabe que es deseable y que ha perdido.

Y lo que yo quería destacar allí en esta clase que hacía, era que la concepción del mundo feliz en esta ciencia ficción  de Aldous Huxley, centrada en la supresión de la preocupación del otro, es en verdad (bajo el titulo de crear un mundo de felicidad), es una invitación a vivir, en el cual el dolor y el sufrimiento están siendo negados y, por lo tanto, no cabe la preocupación por el otro, en un ámbito en el cual los seres humanos son dispensables. Lo central es yo no cuento, soy solamente un ser humano que es un pequeño engranaje en el marco de lo social. Y esa es la historia  del siglo pasado… Buscar la creación de mundos perfectos a través de la dispensabilidad  del ser humano, porque lo central es lo social  y lo que genera es una tiranía. Y yo hablo de esto en la clase y digo los seres vivos no somos dispensables. Todo ser vivo es el centro del Cosmos. Su vivir se realiza desde el ser  centro del Cosmos, no como una reflexión cognitiva, no como un análisis filosófico, como simplemente la operacionalidad: cada uno de nosotros se vive su vida desde sí como centro del Cosmos, sea una persona, sea un elefante, un ratón, una bacteria.

Cada uno de ustedes, si lo mira bien, es el centro del Cosmos. Es la referencia fundamental desde donde hace todo lo que hace, y todo lo que piensa. Y si ustedes toman a cualquier ser vivo, lo meten en una jaulita; primero, quiere salirse de allí; segundo, si las condiciones de vida no satisfacen los elementos  fundamentales de su ser, se muere. Pero, si  ustedes lo acosan, se resiste a morir, es decir, ningún ser vivo se vive a sí mismo como dispensable. Los seres vivos no son dispensables, los seres humanos no somos dispensables.

Es cierto que los seres vivos vivimos comiendo seres vivos. Nos alimentamos de animales, plantas que son seres vivos. Cada vez que yo como una lechuga yo sé que estoy comiendo un pariente lejano, pero es un pariente. Claro….las lechugas no se separaron, las plantas, los vegetales de los animales harán unos dos mil millones de años, pero  es pariente y justamente porque es pariente que me alimenta.

Claro, sus estructuras moleculares tienen que ver conmigo, porque somos de la misma clase fundamental. De modo  que esto que nos comamos los unos a los otros como seres vivos es una cosa que no es una maldad. E s el vivir, pero al mismo tiempo es un acto sagrado.

Los aborígenes en algunas culturas, claramente señalan un acto de agradecimiento al animal que matan para comérselo, porque es la vida de ese animal por la de uno, que es en el fondo lo que está detrás de las prácticas de agradecimiento o la comida que uno recibe en un momento determinado. Eso hace a la comida, digamos, o al comer, un acto sagrado porque es la vida de esos seres. Eso está bien; es así como somos.

El problema no está en eso; no está en que los seres vivos se coman unos a otros, sino que en el espacio humano en el que nos relacionamos los unos a los otros. Cuál es la ilusión, que  oye uno si yo digo los seres  humanos no somos dispensables; cómo me relaciono yo con los otros? ¿Me relaciono como si fuesen dispensables?

En  esta misma clase yo estaba haciendo referencia a lo que uno hace, porque quería hablar de determinismo estructural. Yo decía, si tengo aquí una grabadora y aprieto la tecla que dice grabadora y no funciona, ¿Qué hago?  ¿Voy en busca del médico para que examine el dedo índice de mi mano derecha, porque cuando apretó la tecla donde dice grabar con ese dedo la grabación no funciona? No… no hacemos eso, digo yo. Vamos, buscamos una persona que entienda la estructura de la grabadora  y le pedimos que por favor la examine, la modifique, arregle etc. De modo que la próxima vez  que apriete el botón, grabe. Y eso tiene que ver con el determinismo estructural.

Pero un alumno levanta la mano y me dice: Hay una tercera posibilidad. ¿Cuál? “Bótela y compre otra” y yo digo, claro yo no lo voy a hacer así, porque no soy rico, no tengo plata para botar la grabadora porque no funcionó; la voy a llevar a arreglar.
Pero aparece esta cosa que vivimos en mundos de cosas dispensables: Los pañales del bebé son dispensables, las cajas en las cuales metemos las cosas son dispensables. La grabadora es dispensable, total, si  no funciona la boto  y compro otra; las máquinas fotográficas ahora también son dispensables.

Y, ¿qué pasa con la persona? Por favor, se habla del fin de  las incertidumbres. Sin embargo el fin de las incertidumbres se habla desde un punto de vista físico de la predictibilidad. Los seres vivos nos enfermamos cuando la incertidumbre es continua.

Los seres vivos vivimos solamente en tanto encontramos, o nos encontramos, en el espacio racional en el cual se conserva nuestro vivir, y nos movemos esencialmente en la confianza. En alguna ocasión anterior yo recuerdo haber asistido  a un colegio, porque tenía que hacer una conferencia, y mientras esperaba el momento de esta leo en un muro un cartel que habla de los Derechos del Niño.

Ahora es interesante: uno, habla de los derechos  cuando aquello a lo cual  uno hace referencia no es tal, o sea, decir los Derechos del niño es explicitar todas las cosas que no hacemos, que no respetamos, que no consideramos en la relación a los niños, si no, no tendríamos que hablar de los Derechos del niño. Pero mientras yo leía esto, pensaba también que eran también los derechos de las mariposas.

El derecho del niño a tener un espacio acogedor donde puede realizar su vivir.

Bueno, y que… ¿y cuál es el derecho de la mariposa para ser mariposa sino al encontrarse al salir del capullo un espacio que la acoge?. Fíjense ustedes que la mariposa cuando sale del capullo con una estructura, con una anatomía, con una configuración fisiológica, sensorial que implica un mundo con flores; implica un mundo con néctar, implica un mundo sin veneno en el néctar; está hecha para encontrarse con flores que la alimenten.

¿Y el bebé? ¿Qué pasa con el bebé cuando recién nace? ¿Nace indefenso? ¡No!  Nace en la confianza implícita que hay una mamá, un papá, un entorno que lo va a acoger, y tiene todas las estructuras y  características de  su dinámica fisiología, que implican ese mundo acogedor: nace en la confianza.

Al bebé recién nacido  ustedes lo ponen encima del vientre de la mamá, si no hubo anestesia, si ha sido un parto, llamémoslo natural, a los diez minutos empieza a trepar por el vientre de la mamá, dirigirse a un pecho y chupa y se encuentra con la leche que es la absolutamente adecuada para su nutrición y desarrollo y esa leche es mamá, son las células de mamá, se está comiendo a la mamá. Todos nos hemos comido a la mamá… ojalá. O sea, ese bebé nace en la confianza, igual que la mariposa.

Los seres vivos vivimos en la confianza. Cuando se rompe la confianza aparece el estrés, aparece la angustia, aparece la depresión, aparece la infelicidad.

La convivencia humana se funda en la confianza

Esta confianza es tan trivial en la vida cotidiana, voy al banco a depositar mi dinero y lo deposito y estoy en la confianza de que cuando lo necesite voy a pedirlo y me lo van a dar. Voy por la calle, tengo alguna dificultad (mi mamá cuando yo era  pequeño me decía –porque mi hermano y yo  teníamos 7 y 8 años podíamos salir de la casa y teníamos dos cosas que considerar: una si salíamos juntos, teníamos que volver juntos, y podíamos –vivíamos en Valparaíso – recorrer donde quiera que fuere, pero si salíamos juntos teníamos que volver juntos. Y si nos perdíamos teníamos que acercarnos a un carabinero y decirle “Señor Carabinero, estoy perdido; soy hijo de la Visitadora Social del Hospital en Barón ¿podría usted ayudarnos a llegar a mi casa?”)

Oiga, pero ¿ese no es un acto maravilloso de confianza? ¡Por favor! Vivimos los seres humanos, y los seres vivos en general, en la confianza de que el mundo está ahí para que podamos vivir. Y a veces no pasa así.

¡Ah! A veces un pájaro se come la mariposa, pero lo central es que la mariposa nace con la confianza de que está ese mundo acogedor.

Lo social se funda en la confianza y la confianza es parte del respeto, del respeto por el otro y el respeto por sí mismo. Es parte de aceptarse explicita e implícitamente miembro de una comunidad a la cual uno pertenece y en la cual lo que uno hace, hace sentido.

Los seres humanos no somos dispensables, aunque después de o durante esta clase una alumna me dice que yo no estoy cumpliendo con mi papel de profesor, porque no les estoy dando información sino que les estoy dando una ideología bajo la idea de que los seres humanos no somos dispensables. Me dice: “Usted no conoce a los jóvenes de ahora, nosotros vivimos en un espacio en que todos los seres humanos son dispensables, si no funcionan, lo echan.

Existen empresas que le proporcionan a usted secretarias, telefonistas y si resulta que por alguna razón  la secretaria o la telefonista no funciona llama a la empresa, y le dice: “Mire esta secretaria o esta telefonista se quemó. ¿Puede mandarme otra?” Y le mandan otra.

Nos da risa porque nos duele, por eso nos da risa, no porque sea gracioso, es terrible.

Los seres humanos somos mamíferos entre los seres vivos y pertenecemos a una historia. Bueno…la historia de los seres vivos comienza hace unos cuatro mil millones de años en la tierra. Pero  la historia a la cual nosotros pertenecemos, que corresponde a la historia de los mamíferos  y de los primates en la tierra  y en especial de aquella que podemos señalar, porque  con los conocimientos  que en estos momento tenemos de genética, nos permite comparar, nos permite hacer referencia al momento en el que el linaje humano  y el linaje de los chimpancés se separan en la historia  y uno puede calcular a través de la comparación de la constitución genética humana y del chimpancé el momento histórico en el que esa separación se produce y eso ocurre hace uno 6 millones de años. Y uno se puede preguntar ¿qué es lo peculiar en esta historia que nos da origen a nosotros? Tenemos la misma edad histórica que los chimpancés, pero somos muy diferentes de los chimpancés. Y este reconocer la diferencia  no es una referencia valórica… Somos muy diferentes. Claro… nosotros no podríamos vivir como los chimpancés  y ellos no pueden vivir como nosotros. Somos diferentes y tenemos, sin embargo, tenemos la posibilidad de afirmar que hay un momento histórico que tiene que haber ocurrido hace unos 6 millones de años en el que el linaje que da origen a los chimpancés  como lo que son ellos actualmente y el que da origen a los humanos como lo que somos nosotros actualmente, se separan.

La pregunta que uno puede hacerse es ¿Qué tiene que haber pasado en esta historia que nos da origen? Y yo quiero hacer referencia a dos o tres puntos históricos que uno puede señalar  y a dos o tres procesos que uno puede reconocer. Uno de las características del linaje humano es un fenómeno que se llama neotenia, significa la expansión, la expansión de lo nuevo. Ese es un vocablo  que se usa para hacer referencia a la expansión de la infancia.

Este no es un fenómeno único, ha pasado muchas veces en la historia de los seres vivos; los bambúes son pastos neoténicos, otros árboles son yerbas neoténicas, porque se han conservado las características de la dinámica de la infancia y crecen  y crecen y crecen.

Bueno, nosotros los seres humanos pertenecemos a una historia de neotenia, de expansión de la infancia en la cual la vida adulta, propiamente tal, se posterga. Se  posterga de modo que los adultos  de ahora somos niños crecidos.

Claro, a veces nos dicen que somos como niños grandes porque somos lúdicos, nos gusta jugar, tenemos curiosidad. Todo eso es cierto, somos niños grandes.

En esta historia neoténica, en esta sucesión de generaciones de lo cual se conserva esta continua expansión de la infancia, la sexualidad aparece en la mitad de la niñez. Pero lo que se expande  especialmente tiene que ver  con el emocionar de la relación materno- infantil. Lo  central de la relación materno infantil  mamífera es la aceptación de la cercanía corporal, es el disfrute del contacto corporal con la mamá, con el otro, Así  que la neotenia es una expansión de esta libertad de mirada que implica el juego en el cual uno está en algo porque está disfrutando el estar ahí y en esta expansión de la aceptación de la legitimidad del contacto corporal.

Cuando nos saludamos, nos damos la mano, cuando nos abrazamos, lo pasamos bien, es rico. Es rico abrazar a un amigo, es rico abrazar a una amiga; el contacto corporal para nosotros trae bienestar e implica confianza. Donde se ha roto la confianza de ese contacto corporal se requiere algún gesto especial, una tarjeta de presentación, alguna cosa que diga: “¡por favor, no soy enemigo!”

Pero eso es posterior estoy hablando de 6 millones de años atrás de este proceso a lo largo de esos años. La otra cosa a la cual quiero hacer referencia es que uno puede decir, mirando los restos fósiles, que el lenguaje tiene que haber comenzado a ser un modo cotidiano de vivir hace unos 3 millones de años. Si uno mira el cerebro humano, es el cerebro de un animal lenguaje ante y no solamente el lenguaje como un fenómeno, el cual voy a mencionar a la carrera, del fluir en la convivencia sino de hacerlo a través del habla.

El lenguaje es un modo de fluir en las coordinaciones  de haceres. Y  toda la historia de nuestro linaje tiene que ver con la neotenia y con el crecimiento del cerebro y el crecimiento del cerebro tiene que ver con el lenguaje y el lenguaje tiene que ver con la constitución de la familia.

Hay un momento que tiene que haber ocurrido, tiene que haber ocurrido quiere decir que no sé cuándo ocurrió. Tiene  que haber ocurrido hará unos tres y medio a cuatro millones de años atrás y que consiste, o que tiene que haber consistido, en la expansión de la sexualidad de la hembra.

En la mayoría de los primates, las hembras están interesadas en el placer de la sexualidad intima, de manera periódica, anual. Los machos no, tienen un interés por la sexualidad íntima continua. Pero las hembras humanas son como los machos humanos. Yo lo he preguntado a muchas mujeres.

Me acuerdo que una alumna, en fin conversando con ella le pregunté que si tenía hijos “Sí” –me dijo- “tengo dos hijos” (ella tenía 34 años). Y ¿Cuántas relaciones sexuales has tenido?... “¡Uhhhhh!”

Claro, en nosotros, la sexualidad íntima no está asociada necesariamente con la procreación. Está asociada con el bienestar, con el placer, con el disfrute de la cercanía en la convivencia. Y esto tiene que haber ocurrido como una expansión de este disfrute de la sexualidad haciéndose de periódica a anual continua.

Hablamos de tres y medio a cuatros millones de años atrás. Y ¿qué pasa ahí? Pasan dos cosas fundamentales: una, la hembra se transforma en núcleo de estabilidad de una pequeña comunidad que involucra un macho, no en un intercambio comercial, no en ningún criterio de descripción económica; centrado en el placer de la cercanía, en el disfrute de la corporalidad, en la convivencia intima.

Cuando hay problemas de pareja, cuando hay problemas de familiares ¿Qué es lo qué lo que está mal?

Digo que hay tres dimensiones que son centrales en la configuración de una pareja, de una familia, que son; sensualidad, ternura, y sexualidad.

Sexualidad sin ternura es una violación. Sexualidad sin sensualidad, es violencia. El otro desaparece no lo veo, no tiene presencia ante mí. De modo que estas tres dimensiones: sexualidad, sensualidad y ternura constituyen, por así decirlo, las dimensiones de seguridad, de la estabilidad de una pareja, de una familia, Y ¿Qué es lo que uno restituye en la terapia de una pareja o terapia de familia? Estas tres dimensiones: sensualidad, sexualidad, y ternura. De modo que lo que estoy diciendo es que en la expansión de la infancia, en la neotenia, en esta relación materno-infantil de aceptación de la corporalidad, el disfrute de la corporalidad trae para nosotros, en esta conducta de cuidado y atención por el otro, la expresión de ternura.

Uno ve a la gata con sus gatitos que se deja que se le suban encima, que se abre para que mamen leche y uno dice “¡qué tierna la gatita!”

Lo que tiene que haber pasado hace unos tres y medio de millones de años atrás con la expansión de la sexualidad de la hembra y de la intimidad sexual, que se configura este núcleo pequeño que es la familia y, ese núcleo pequeño que es la familia se constituye en un espacio de convivencia en el placer de hacer cosas juntos. Y es en este grupo pequeño donde se constituye la posibilidad del origen del lenguaje. El lenguaje tiene que ver con las coordinaciones de haceres, no tiene que ver con los símbolos; es el hacer cosas juntos; es el coordinar de los haceres y la coordinación de la coordinación de haceres. Y la historia humana propiamente tal comienza allí como una historia de conservación de un convivir en el lenguajear conservado en el aprendizaje de los niños.

El cerebro en esta historia crece asociado con la vida familiar, en la ternura, en la colaboración, en el placer de la convivencia crece tres veces. Este famoso cerebro nuestro que nos permite hacer todas las cosas maravillosas que hacemos con la tecnología, con la filosofía, con las matemáticas, no surge en relación a la filosofía, a las matemáticas o a la tecnología; surge en la convivencia, en el hacer cosas juntos, en la colaboración, en la familia. Este es nuestro fundamento, es en esta historia que ahora los seres humanos actuales cada uno de nosotros lo que busca en la vida ¿qué es?, es ese espacio de convivencia y cuando no lo tiene, ¿qué hay? ¿Hay destrucción de la identidad hay angustia, hay dolor, hay desintegración. Se es humano no solamente porque uno tenga una cierta constitución genética. No basta. Los genes no determinan lo que pasa; lo que pasa surge en la historia. Se es humano viviendo en un espacio humano y se será humano de una clase u otra según el espacio en que se viva.

Y esto es válido para los mamíferos que viven en comunidad, en todos ellos. Lo que pasa, por ejemplo, ahora con los elefantes en África del Sur, elefantes que han sobrevivido después de la muerte de los adultos. Los adultos han sido cazados para obtener los colmillos, por el marfil. Y ahí quedan estos elefantes juveniles que crecen sin adultos, y que son bandidos, destructores, no tienen ninguna dimensión de coherencia en la conducta que haga sentido en el espacio que nos hace posible, cosa que no pasan con los elefantes que crecen con adultos, con mamá, con papá.

Y ¿qué pasa con los jóvenes nuestros cuando no tienen adultos que los acojan, a quienes respetar, que constituyan su familia ¿ en qué se convierten? En bandidos de una clase u otra.

Lo central del vivir humano está en que somos esta clase de animales que somos: primates, bípedos. El bipedismo liberó nuestra mano y nos ha permitido hacer todas las cosas que hacemos, sin embargo pertenecemos a un linaje cuyo devenir histórico ha estado centrado en la colaboración, en la coparticipación, en el lenguaje, en el amor.

El amor es una cosa muy simple; claro, nosotros podemos escribir novelas sobre el amor, pero el amor “ocurre”. Fíjese usted el momento en el momento que uno dice que alguien ha sido amoroso. Imaginemos esta trivial situación: ustedes van por la calle, por la vereda. En la vereda hay alguna dificultad y del otro lado viene una persona mayor; yo voy por aquí por la calle y yo me detengo de modo que esta otra persona pueda pasar; pasa ¿y qué dice cuando se cruza conmigo? “gracias señor”. Después llega a su casa y le dice a su hija “Fíjate que ahí donde está difícil, un joven tan agradable, un señor tan amoroso me dejó pasar”.

Se usa la expresión “amoroso” ¿Y qué hizo allí esta persona? Verla ¿Dónde? En la calle.

Si ustedes van por el cerro, por el campo y ven una araña y alguien que va con usted dice “cuidado no la pise, es una araña, es venenosa, pero en fin, este es su mundo”, la persona le dice a uno “tú amas a las arañas”. ¿Y qué es lo que está haciendo esta persona? No se lleva a la cama a la araña simplemente la deja ser en su dominio de legitimidad de existencia. Ve a la araña como ara-ña.

El amor, yo digo, es una definición.

Lo que voy a decir es una abstracción del vivir cotidiano: “Amor, es el dominio de las conductas relacionales a través de las cuales, la otra, el otro, uno mismo surge como legítimo otro en convivencia con uno”.

En el momento que digo “cuidado, no la pisemos es una araña venenosa, pero dejémosla, éste es su mundo”, la araña surge a través de mi conducta en su legitimidad. La otra persona dice “tú amas a las arañas”. El amor tiene que ver con el ver y esto es un fenómeno biológico: tiene que ver con nuestra biología con esta historia de la expansión de la infancia. Los mamíferos, las aves, los reptiles dependiendo de cómo vivan, son animales en los cuales uno puede ver que hay momentos en que se expande su visión.

Si usted tiene – no sé si aquí se tiene todavía pollos en la casa- pero, en fin, cuando yo era chico uno tenía pollos, gallinas en la casa. Ahora, qué pasa si tenemos una gallina que tiene pollitos y hay una pileta y uno de los pollitos se acerca a la pileta, ¿qué hace la gallina? ¡Llama! Dice ¡co,co,co!, hace un cierto escándalo.

Bueno, y la gallina que no tiene pollitos ¿qué hace? No hace nada. O sea la gallina que tiene pollitos ve más que la gallina que no tiene pollitos. No tiene que ver con el ojo fisiológico si no con el ojo relacional. La gata con gatitos ve más que una gata sin gatitos, se le expande la mirada y uno dice “la gata es amorosa” “qué amorosa la gallina que ve el riego que su polito puede tener”, o sea, la gallina con pollitos es amorosa, ¿una gallina sin pollitos no es amorosa? Es decir hacemos referencia a otra cosa curiosa: el ver al otro como un fenómeno de expansión de la mirada es lo que llamamos amor, conducta amorosa.

Cuando el niño le dice a la mamá: “Mamá, fíjate que el profesor no me quiere”. La mamá le pregunta “¿pero por qué dices eso? ¡Si los profesores quieren a los niños!” “Es que nunca ve cuando levanto la mano para hacer una pregunta”.

Si no me ven, no hay amor; si me ven hay amor.

Señores y señoras, la conducta ética tiene que ver con el ver al otro en su legitimidad y conducirse de manera congruente. Las reflexiones éticas, la conducta ética nunca va más allá del espacio de visión del que la tiene o del que la podría tener.

Y con esto voy a terminar, o sea, no exactamente con la anécdota que voy a contar, pero en fin me estoy acercando al fin.

Yo estaba en Nápoles, hacia 1962 me parece que era, el comienzo de la participación norteamericana en la guerra de Vietnam y había- y debe existir todavía un periódico que se llamaba The European Times, el Times Europeo. Un día aparece el siguiente titular en la primera página: “Cincuenta americanos muertos, doscientos comunistas exterminados”. ¿Qué leo allí? Que los únicos que eran seres humanos que morían eran los norteamericanos, en este caso, los miembros del grupo.

En otra ocasión yo estaba en Londres, en 1954, estaba estudiando allá y visitamos con algunos amigos chilenos una exhibición de un artista japonés sobre la tragedia de Hiroshima: los cuerpos dañados, la destrucción. Todo estaba allí y al salir uno de mis amigos dice: “y qué me importa a mí que hayan muerto cien mil japoneses en Hiroshima si yo no conocía ninguno”. Nos parece terrible, pero que… ¡por favor! ¡Qué verdadero! ¿No?

¿Cómo me va importar lo que le pase al otro si no lo veo?, ¿si no tiene presencia para mí?

Yo le di las gracias porque me iluminó, claro… La ética tiene que ver con ver al otro y el ver al otro tiene que ver con el amor. La única emoción que amplía la visión y permite ver al otro en su integridad, es el amor.

La envidia, la ambición, el competir, la vergüenza restringen la mirada, acortan unos ciertos espacios y bueno el amor tiene que ver con qué, con nuestra biología; por eso es tan básico, por eso es que el niño pequeño es capaz de interesarse en todos los animalitos, en todas las personas, en los otros niños y seguirá así expandiendo su mirada a menos que otros le digamos: “No mijito, ese niñito no, es del Mapocho”.

Bueno, en Santiago, antes, cuando yo era chico, estaban los niñitos que vivían en el río Mapocho, y que el Padre Hurtado los recogía y salvaba. Y aún hoy existen niños que viven allí. Son niños que los estigmatiza esta cultura, como “niños del Mapocho”, “el niño negro”, “el niño pobre”, etc. Entonces el niño que se transforma en la convivencia con adultos que los rechazan aprende a rechazar, aprende a no tener conducta ética, porque aprende a no ver, le enseñamos a no ver donde normalmente él vería.

El fundamento de la ética es el amor y este fundamento es biológico, pero la conducta ética en tanto es una conducta que implica ver al otro no aparece si uno no ve al otro. En esto es indispensable, porque solamente desde que podemos ver al otro es que el otro no es dispensable.

Solamente desde que nos hacemos conscientes, de aquello de lo cual hablamos. Se suele hablar en esta cultura de que hay muchas éticas distintas. No, no hay muchas éticas, hay muchas morales distintas, sin embargo ética hay una sola y consiste en que a uno le importe lo que le pase a otro con las cosas que uno hace y que puede ser otro ser vivo, puede ser una persona. Uno se hace cargo de su hacer porque uno ve al otro en su legitimidad. Y eso, señoras y señores, tiene que ver con nuestra biología. ¿Qué más se puede decir por ahora? Nada. Muchas Gracias.


Lectura N° 5: PRINCIPIOS, VALORES Y VIRTUDES
INTRODUCCIÓN

Para comprender en toda su dimensión lo que son los valores es importante abordar los principios, los valores y las virtudes. Asimismo, como docentes debemos manejar ¿Para qué sirven los valores? ¿Cómo se enseñan y se aprenden los valores? Todos estos aspectos los hemos tomado del libro de Jorge Yarce, “Valor para vivir los valores”, considerando su abordaje sencillo, práctico y ameno sobre estos temas de interés para todos.





EL DINAMISMO DE LOS PRINCIPIOS, LOS VALORES Y LAS VIRTUDES

Los principios constituyen un tema que toca al común de los seres humanos, y queremos dar una explicación clara, comprensible y asequible a un público amplio. Es un tema que además, hemos trabajado en diversos foros y que, gracias a esto, se ha enriquecido y madurado.

Cuando decimos que alguien es una persona de “principios”, estamos resaltando el hecho que tiene un carácter definido y unas convicciones firmes. Lo estamos elogiando. Esta persona, seguramente, procura inculcar esas convicciones en su familia y está atenta especialmente a que sus hijos se formen con una sólida convicción ética.

Con los centros educativos sucede algo semejante; cuando uno de ellos asegura que presta particular atención a los principios y a los valores morales, sabemos que en la formación de sus alumnos tiene como punto de referencia conceptos o verdades fundamentales de la vida que inspiran, de cierta manera, la conducta personal.

PERO, ¿QUÉ ES UN PRINCIPIO?

El término “principio” tiene varias acepciones. Una de ellas lo define como la “norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta”. Otra lo define como la “base, origen, razón fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia”, o “cada uno de las primera proposiciones o verdades fundamentales por donde se empiezan a estudiar las ciencias o las artes”. Estas dos últimas se refieren a los principios lógicos o principios epistemológicos (relativos al conocimiento) y se las considera evidentes e implícitas en todo razonamiento. Entre los principios podemos destacar, a manera de ejemplo, los siguientes: El principio de contradicción (“Nada puede ser o no ser al mismo tiempo”) y el principio de razón suficiente (“Todo ente tiene su razón de ser”, “El hombre es un ser racional” o “El todo es mayor que las partes”).
Pero hay uno que aquí denominamos el primer principio de la razón práctica: “Las personas tienden a hacer el bien y evitar el mal”. Este principio también recibe el nombre de sindéresis palabra de origen griego significa “chispa de la conciencia” y que definimos ahora como el discernimiento o la capacidad natural para juzgar rectamente lo que está bien o lo que está mal.

Y aquí, cuando hablamos de los principios, nos referimos a los principios éticos. De manera semejante a como la naturaleza está determinada y ordenada por leyes universales, el comportamiento humano se rige por algunos principios fundamentales. ¿Qué caracteriza a estos principios éticos? Podemos destacar los siguientes aspectos:

*       Objetividad
*       Universalidad
*       Inmutabilidad
*       Inherencia al ser humano

Pero enunciemos un principio que nos permita ver con claridad estas características: “la dignidad humana”. Es objetivo, es decir, no depende de mí, ni puedo someterlo a discusión: sólo puedo acatarlo. Es universal y es inmutable, porque es válido, de la misma manera, en todas las culturas, indistintamente de su situación en el tiempo o en el espacio. Es inherente al ser humano, porque si lo quebranto, me quebranto a mi mismo, es decir, si alguien actúa desconociendo lo que ordena este principio, va en contra de mi mismo. En fin, si una persona o comunidad decide desconocer lo que ordena el principio y alejarse de él, sufre un proceso inevitable de deterioro y destrucción.

UNA HISTORIA ANTIGUA

En el sentir popular y en el lenguaje común se reflejan las características que hemos atribuido a los principios: objetividad, universalidad, validez absoluta inmutabilidad. “Cambiar de principios” es entendido como dejar de ser coherente. Por otra parte, existe la convicción bastante arraigada de que los “principios no se negocian”, porque son las pautas fundamentales del comportamiento que me vienen dadas, en último término por mi condición de persona. No son resultado de una moda pasajera. Los principios están desde siempre en la preocupación de la humanidad por encontrar las raíces de las de la conducta y han sido formulados y vividos de muchas maneras y reflejados en las leyes y las costumbres de los pueblos.
Si hay principios absolutos quiere decir que no todo es relativo, ni todo da lo mismo (decir la verdad o mentir, respetar la vida o atentar contra ella, cumplir los compromisos o faltar a ellos, etc.), porque hay leyes naturales que la razón práctica humana descubre en ella misma, que son puntos de referencia obligada, y esto significa que hay que aceptarlas, porque de lo contrario el mundo se convertiría en un auténtico caos.

De esta manera, podemos introducir la distinción principal entre un principio y un valor: se puede cuestionar o relativizar un valor, pero no un principio. Los principios no dependen de nuestras interpretaciones ni de nuestras percepciones, puesto que son inherentes a nuestro ser.

También hay que tener en cuenta la manera en que yo vivo el principio, distinta a la idea que tengo de él, pues éste se vive espontáneamente e instintivamente. Así como cuando vemos que un ladrillo viene desde arriba hacia nuestra cabeza, no necesitamos saber (y mucho menos formular) la ley de la gravedad para comprobar que caerá encima de nosotros si no nos desplazamos. No pensamos en nada, sino que nuestro instinto de supervivencia nos mueve inmediatamente.

Sobre estos principios se fundamenta el desarrollo de la persona, la convivencia y la armonía social. Su validez no depende de otras ciencias o de que una mayoría decida que están vigentes. Los distintos grupos sociales, el Estado y, sobre, todo, cada persona no tienen más que hacer que reconocer los principios, descubrirlos, no inventarlos (no es necesario), porque son inherentes a la condición humana, de manera parecida a como el instinto de supervivencia es propio de cada ser.

Algunas veces las leyes pueden estar en contra de lo que indican los principios, a pesar de que éstas buscan, ante todo, la protección o realización de ciertos principios que faciliten la convivencia armónica; por ejemplo, en algunos países la ley dice que “El que contamina paga”, lo cual está en contra del principio que nos indica que debemos respetar la naturaleza. Aunque el hombre actúe de conformidad con esa ley, de todas maneras está yendo en contra del principio que pide proteger la naturaleza, es decir, se está haciendo daño a sí mismo o a otros, a largo plazo. O cuando en algunos países se admite la eutanasia voluntaria, dejando que prime la decisión personal de quitarse la vida.

Es normal que a la hora de concretar estos principios y de expresarlos haya diversidad de posturas.  Pero, a pesar de todo, hay ciertos aspectos inmodificables que perduran aún dentro de las diferencias de interpretación.  Por ejemplo, en cualquier contexto se sabe que el derecho a la libertad, es indispensable para  el desarrollo de la vida humana, y ponerlo en duda supondría el derrumbe del orden ético y jurídico.

Y EN DEFINITIVA, ¿CUÁLES SON LOS PRINCIPIOS PRIMORDIALES?

A pesar de que hay una significativa coincidencia de algunos principios en la historia de muchas culturas (con distintas ideologías, y religiones y de distintas razas), no se puede elaborar una lista única. Pero podemos citar algunos (introduciéndoles algunas variaciones) tomados del libro Dilemas éticos de la empresa, de Carlos Llano:

  • La persona tiende por naturaleza a hacer el bien y evitar el mal.
  • El ser humano está dotado de una dignidad esencial.
  • La vida humana debe ser respetada como un bien inalienable.
  • El fin no justifica los medios.
  • La persona tiene derecho a su pleno desarrollo.
  • La libertad es esencial para el desarrollo de la persona.
  • El bien común es superior al bien particular.
  • La persona tiene derecho a participar en los destinos de la sociedad.
  • La familia es un ámbito indispensable para el crecimiento de la persona.
  • El ser humano es capaz de comprometerse y cumplir lo prometido.
  • El trabajo es un derecho básico para la subsistencia personal.
  • La naturaleza es un ámbito esencial para la vida y como tal debe ser respetada.
  • La persona tiene derecho a vivir en paz.

Los diez mandamientos contienen principios naturales de orden ético. También pueden considerarse en esa misma línea los derechos humanos, definidos y aceptados en conocidas declaraciones universales (algunos de los mencionados en la enumeración anterior y otros como el derecho a la vida, el buen nombre, a la libertad, al trabajo, a la movilización personal, a un juicio justo, etc.).

NO SE CONFUNDA, LOS PRINCIPIOS SON DISTINTOS A LOS VALORES

Los principios no se pueden confundir con los valores. Los principios son universales y no se discuten sus implicaciones; en cambio, los valores sí se pueden prestar a mayor discusión. Por ejemplo, la dignidad esencial del ser humano es distinta a los valores que se pueden deducir de ella: el respeto a las ideas, la tolerancia, etc. De hecho cuando nos preguntamos si un valor es interpretado de una manera correcta, debemos invocar el principio del cual depende el valor (que es subjetivo porque requiere de una adhesión espiritual y libre por parte de la persona).

Pongamos otro ejemplo: El principio es “Los pactos deben ser cumplidos”. Una persona es la que cumple con aquello con lo que se comprometió. La lealtad es un valor y como tal es subjetivo, pero no puede serlo hasta el punto  de alejarse del principio del cual se desprende. Sería el caso de alguien, supuestamente leal, que sostuviera que podría ser leal sin cumplir los compromisos, en cuyo caso estaría yendo contra el principio que inspira el valor de la lealtad.

Incluso se podría afirmar lo mismo de valores que no representan un compromiso espiritual tan fuerte como los éticos. En estos valores (los naturales, económicos, sociales, culturales, estéticos), la noción misma del valor posee, por decirlo así, una “intensidad” diferente a la de los valores éticos. Podemos decir que éstos son “transcendentales” porque están inspirados en principios que trascienden a la persona concreta y afectan a todos.

Es importante también tener clara la relación que existe entre los valores y las virtudes, que son las que representan el ejercicio de las capacidades personales de hacer el bien a través de hábitos estables dirigidos a formas específicas de dicho bien. La virtud es siempre personal, lo que no ocurre con el valor, que puede permanecer en un plano impersonal, no incorporado a la vida o incorporado sólo a través de acciones aisladas, no vividas como hábitos. Pero de este análisis nos ocuparemos detalladamente más adelante.

UNA GRAN DIVERSIDAD DE VALORES

Tenemos dos perspectivas distintas del valor. En un primer momento, podemos referirnos a él como un concepto (“civismo”, “generosidad”, por ejemplo) y, en tanto que concepto como algo deseable, un ideal. Pero en un segundo momento podemos verlo concretado a partir de la intimidad de la persona, es decir, algo que se realiza y da lugar a la estimación por parte de los demás, no algo que se queda simplemente en el concepto.

De las muchas definiciones que se han dado sobre el valor, la de Octavio Derisi nos gusta porque destaca tanto el concepto de valor como su realización práctica:



Cuadro de texto: El valor es un bien descubierto y elegido libre y conscientemente –es decir, presente a la actividad espiritual del hombre-, que busca ser realizado por él [y reconocido por los demás]”. Completamos la definición diciendo que el valor es “reconocido por los demás”, o sea, que produce un nexo de tipo social inherente a la persona, lo cual refuerza ese aspecto del valor.
 




La gran diversidad de los valores se expresa en hechos tangibles, en los que se ponen en juego distintas valoraciones por ejemplo, en la decisión de comprar un automóvil, podemos identificar tres tipos de valores. Para empezar, el automóvil tiene el valor de brindarme la posibilidad de transportarme largas distancias. Tiene también el valor estético: puede ser agradable a la vista. Y también tiene el valor de la seguridad y el de la ecología: el auto, según el diseño y los materiales puede proteger mejor la vida de las personas y por otro lado, afectar menos el medio ambiente.

Podemos decir también que los valores son “cualidades” cuya realidad está entre el objeto y el sujeto que son relaciones o “estructuras relativas”. Por ejemplo, una buena pintura depende de mi sola apreciación, porque para mí cualquier cosa podría ser arte, pero tampoco consiste en la sola técnica, en los colores, en la tela o en la madera que le sirve de base.
Cuando decimos que algo es un valor, es necesario considerar tanto el objeto o hecho así como a la persona que lo está valorando, pues ésta modela según sus ideas el objeto que observa o el hecho que vive. Y dentro de una posible escala de valores, unos valores dependen más de los hechos en sí que del sujeto participante de ellos. Son muchos los factores que inciden en la valoración de algo en un momento determinado.

Por ejemplo, cuando tomo una cerveza el placer que me proporciona depende de la sensibilidad de mi paladar, de mi estado de ánimo, de la compañía, además de las propiedades que son independientes de mí, como las propiedades químicas de la cerveza. De igual modo, pero con una complejidad mayor, sucede con las situaciones que son juzgadas según los  valores éticos. Pero en estos casos, la valoración depende menos de lo que cada sujeto piense, hay menos espacio para la especulación: el respeto que no lo puedo reducir a lo que yo crea que es el respeto, y mucho menos dejarme influenciar por lo que mi ánimo o mi capricho me dicte. Debo pensar entonces en el principio que sustenta el valor, en este caso la dignidad humana.

Los valores en la escala más alta en la persona –los valores éticos- son subjetivos en cuanto su convivencia depende de la libertad, de la conciencia, pero no son fruto de una invención mía: se derivan directamente de principios fundamentales, independientes de mí (y de cualquier persona) y, en ese sentido, dependen y están regidos por algo objetivo.

Se pueden enumerar infinidad de ejemplos para ilustrar como cambian los valores según el valor al que nos refiramos y las circunstancias en que éste se manifieste. Es decir se puede constatar de diversas maneras que un valor (por ser una cualidad estructural) es complejo, dinámico y cambiante según la situación. Como es una cualidad estructural, estas valoraciones dependen tanto del objeto como del sujeto (Frondozi). No es lo mismo vivir un valor en la pobreza y sin posibilidades de educación que con salud y cultura, no es lo mismo en el estado de zozobra de la guerra que en la paz. Por otro lado, un edificio puede ser bonito visto desde fuera, pero no ser funcional; un sombrero elegante deja de serlo cuando el resto del vestido no lo es. Con respecto a un objeto, se puede tener en cuenta su cualidad, pero también la honestidad de quien lo produce.

LOS VALORES ÉTICOS SON LOS PRIMORDIALES

Una aclaración preliminar. ¿Hablamos de valores éticos o de valores morales? La moral suele entenderse de un modo más general que la ética, que es considerada como una reflexión filosófica  sobre la conducta humana. También a veces a la moral se le suele entender en su sentido religioso. Aquí tomamos los dos términos como sinónimos valores éticos o morales.

Como hemos señalado los valores principales son los valores éticos. Son los que se deben encontrar más arriba en nuestra escala de valores. ¿Y en qué se distinguen del resto de valores? Según Adela Cortina, los valores que no comprometen nuestro modo de actuar son los que no se adaptan a la proposición “Todo el mundo debería ser X”. Si reemplazamos X por “simpático”, “bello” o “sano”, nos damos cuenta de que eso no vale para todos. No obstante, si la palabra es “útil”, “justo” o “leal”, la respuesta nos señala un valor que deberían vivir todas las personas, es decir un valor ético.

Además de esto, según Adela Cortina, los valores éticos se caracterizan por:

Cuadro de texto: §	La libertad: “Está en nuestras manos realizarlos y apropiárnoslos, con más o menos dificultades”. Ser bello, sano o simpático no está en nuestras manos de la misma manera como ser honesto o justo, pues depende de que tengamos ciertas cualidades físicas o no (objetivas). Mientras que ser justos, leales o útiles depende de nosotros, de la libertad (cualidades subjetivas).
§	Aspiran a se universalizados: no son simples rasgos del carácter o particularidades que unas personas tienen y otras no, sino que piden ser universalizados”. En lo que nosotros llamamos valor ideal, concepto de valor, dimensión objetiva del valor no en cuanto cosa sino en cuanto vinculado a un principio universal independiente de él.
§	“Quien se los apropia crece en humanidad, el que no lo hace disminuye”; es decir: “la persona tiende a integrarlos de una forma plenamente humana”. Característica que vale también para el caso de los valores no morales.
 









Entonces, repetimos, los valores más precisados son los que nos ayudan a que actuemos mejor, los que consolidan nuestra moral, los que nos ayudan a estructurar el carácter y el modo de vivir de las personas y las comunidades. Conocerlos, interiorizarlos, incorporarlos a nuestra vida no es una tarea fácil, pero esto hace más atractiva la aventura de entenderlos. En el momento en que muchas personas comparten la vivencia de estos valores, éstos adquieren una dimensión social.

El hábito de los valores éticos reafirma la felicidad. Como anota Guadalupe Abbá, la posesión del valor ético, como la del material, produce un gozo en la persona, realiza en ella una especie de deber-hacer pero también un deber-ser como algo ideal.

LA VIRTUD Y EL ARRAIGO DE LOS VALORES

Es necesario encontrar estrategias que nos permitan dar a los valores un lugar estable en nuestra cotidianidad. Y es la virtud la que realiza esta labor. Aunque los valores y las virtudes se tomen a veces como sinónimos,  queremos definir a la virtud como el hábito y la disposición de obrar el bien; es el valor interiorizado, arraigado en la conducta de la persona, encarnado operativamente y establemente vivido. El valor en este caso deja de ser la acción buena aislada, para convertirse en vida vivida, en carácter de la persona, en una dimensión existencial de su actuar. Gracias a la virtud el valor (sea el que sea), no es el ideal que se alcanza esporádicamente, sino una constante convivencia.

Como muchas cosas para hacer la virtud algo nuestro, es necesario primero tender expresamente a realizar buenas acciones. A partir de esto, la conducta virtuosa, se adquiere a través de la práctica, de la formación de hábitos, por la constante intervención de la voluntad (la virtud dice Tomás de Aquino- más que la repetición de los actos que forman el hábito, consiste en la permanente y constante intención de hacer el bien).

Las acciones de una persona hablan por ella. Una persona no puede realizar acciones responsables sin que pueda decirse que es responsable (que tenga o viva la virtud de la responsabilidad). Esto viene después cuando una persona, de manera estable y consciente, obra responsablemente en diversas circunstancias, es decir, cuando se encuentra disponible de un modo permanente para realizar el valor.

Por eso hemos dicho que la virtud es la encarnación operativa estable (habitual) del valor). Éste es como una llamada al bien que termina por convencer a la persona que se anime a ejecutar acciones conforme a ese valor. Pero la llamada no se queda ahí: la intención lleva a querer que permanezca, que se convierta en un modo estable de actuar (virtud). Llega el momento en el que en lugar de decir “fulano hace cosas responsablemente”, decimos que “es responsable”, “es buen amigo”, etc. Estamos indicando que posee la virtud no sólo el valor. La virtud no sólo mantiene una intención y logra la repetición de actos convertida en hábito: busca la perfección, la excelencia representada por el valor. E implica un proceso psicológico en el que se da la incorporación vital del valor.

En la virtud hay un compromiso real de la persona en realizar un valor como parte del bien integral de su conducta global. Hay acciones diversas, que corresponden a distintos valores que la virtud estructura psicológicamente y los pone en el centro de la conducta, para lo cual ella necesita de la intención permanente.

Según Giuseppe Abbá, podemos decir que en la virtud se conjugan dos líneas de fuerza:












 
Intención               deliberación          elección                decisión                acción
                           
                         razón              voluntad                efectividad
La virtud otorga constancia, coherencia y versatilidad al ejercicio de cada valor; no se reduce a la costumbre, porque ésta depende de las circunstancias; la virtud opera independientemente de éstas. Tener o seguir unas mismas costumbres no significa ser virtuoso. La virtud representa el ideal de la excelencia, de la perfección; la virtud añade al valor algo decisivo: el hábito, la incorporación estable a la conducta, la cual se aprende y no se reduce a hacer correctamente las cosas, sino a hacerlas de modo excelente.

En ningún momento el hábito propio de la virtud disminuye la libertad humana, incluso cuando afirmamos que llega un momento en que la virtud se vive inconscientemente: el sujeto tiene su libertad, que está siempre disponible y que, además, está en la base de la preparación y de su idoneidad para obrar.

La virtud es determinación estable, precisamente porque da libertad, elige y se compromete sin abandonar la tarea, persiste en ella una y otra vez, hasta lograr actuar bien de un modo inconsciente.

PARA TODOS LOS GUSTOS

Hay virtudes intelectuales como la ciencia y la sabiduría, otras pertenecen a la razón práctica como la prudencia y otras se denominan virtudes morales, que tiene que ver con la elección de lo que aconseja la prudencia para integrarlo a la conducta, como la justicia, la fortaleza y la templanza. Después puede hablarse de virtudes humanas en general, que mantienen una relación con las virtudes citadas: la excelencia, la alegría, la responsabilidad, el optimismo, la humildad, el respeto, la autenticidad, etc.

El resumen de todas las virtudes es el AMOR, como síntesis del esfuerzo de la persona por alcanzar, por diferentes caminos el bien. El orden del Amor es fundamental en la creación de los hábitos. Sin amor no hay crecimiento en la virtud. Es el amor lo que permite a la persona realizarse plenamente.

El trabajo también es otra fuente de estabilidad para los valores en cualquier ámbito, porque ya no dependen sólo de un impulso momentáneo o de una motivación pasajera: se trata de una tarea que compromete a la persona en su interior, que la lleva a configurar su conducta con unas metas de excelencia y a actuar establemente consciente de su obrar.



GUÍA DIDÁCTICA PARA EL TRABAJO EN GRUPOS
Introducción

El Tema Teoría y Práctica de Valores está concebido para estudiarlo en grupos, con el interés de que todas y todos, juntos, reflexionemos sobre nuestra experiencia como miembros de una familia o como docentes. Se espera que las reflexiones individuales sean compartidas en cada grupo y, así, enriquecidas con los aportes de sus integrantes, pues entre todas y todos sintetizaremos las conclusiones más importantes alrededor de los diversos enfoques de los materiales que analizaremos.


Objetivo General
Con el estudio de este tema, las y los participantes podrán iniciar un proceso de reflexión personal sobre su experiencia como miembros de una familia y como docentes, en torno a sus concepciones sobre la teoría y práctica de los valores.

Objetivos Específicos
1.   Ampliar los conocimientos sobre distintas aproximaciones o enfoques al tema de valores y organizarlos de forma adecuada para su aplicación práctica en la labor educativa.
2.   A partir de los principios universales que regulan el comportamiento humano, identificar los valores morales y los valores éticos que deben guiar el desempeño docente.
3.   Tomar conciencia de que la moral (colectiva) es la base fundamental de la ética (individual).
4.   Apropiarse de la importancia de los valores para el desarrollo de la persona, la familia y la comunidad.

Ejercicio N° 1 (10 minutos).

Anote en su cuaderno:
a.   Los cinco valores más importantes que aprendió en su familia.
b.   Los cinco valores más importantes que, como madre o padre, inculca en sus hijos e hijas.
c.   Los cinco valores más importantes que usted, como docente, inculca en sus estudiantes.
d.   ¿Encuentra usted alguna diferencia entre los valores de la escuela y los de la casa? Explique.
e.   En lo cotidiano, al relacionarse con sus amistades y colegas, ¿qué valores promueve?

Ejercicio N° 2 (20 minutos).

La lectura 1 plantea un problema ético sobre el que, aparentemente, no lograremos consenso. No obstante, nos ubica en el contexto de los valores que rigen el comportamiento de cada persona. Por favor, lea el texto de manera individual y reflexione sobre cuál sería su decisión ante la situación planteada. ¿En cuáles valores apoya usted su decisión? Comparta criterios con sus compañeros.


Ejercicio N° 3 (30 minutos).

Ahora nos organizaremos en varios grupos, cada uno de los cuales leerá un texto distinto, a partir de la Lectura 2. Cada grupo, deberá elegir a un moderador para que organice la participación de cada quien, y un relator para que anote los aportes y las conclusiones del grupo. Luego, cada grupo escogerá a la persona que expondrá la síntesis del texto leído y las conclusiones del grupo, ante todas y todos.

Ejercicio N° 4 (60 minutos).

Realización de un panel foro sobre Teoría y Práctica de Valores. Los expositores se sentarán en una misma mesa ante el grupo y  cada uno expondrá la síntesis del texto leído y las conclusiones del grupo. Al finalizar, puede haber un intercambio de preguntas y respuestas, moderado por las y los facilitadores, quienes promoverán el consenso alrededor de las conclusiones del grupo.

Ejercicio N° 5 (20 minutos).

A la luz de los conocimientos compartidos en  la sesión de reflexión y discusión para llegar a conclusiones acerca de la temática, revisar las anotaciones hechas en el ejercicio N° 1. ¿Todo queda igual o hay que modificar algo? ¿Cuál es su aprendizaje principal sobre el tema abordado? En una página, escriba su resumen personal; luego, comparta en el plenario de manera voluntaria. La página con el resumen personal deberá entregarlo a su facilitador(a).

Evaluación:
·         Trabajo en equipo
·         Discusión plenaria

Se utilizarán los criterios para el proceso de evaluación de los aprendizajes.

Elabore la Planificación de la réplica del Diplomado “Mejoramiento de la Calidad Educativa en Nicaragua”, a las y los docentes participantes en el nivel II. Formato sugerido.


[1] Cfr. LEZAMA J. R. (2007). Fundamentos Filosóficos de la Educación en Valores. Publicaciones UCAB, Caracas,  Venezuela. Págs. 13-17.

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