martes, 17 de septiembre de 2013

LA BATALLA DE SAN JACINTO

                                                                                         La Batalla de San Jacinto:
Apenas firmada la paz, los nicaragüenses triunfaron sobre los filibusteros en la más gloriosa hazaña nacional: LA BATALLA DE SAN JACINTO. Esta gesta se ha convertido en la FIESTA NACIONAL por excelencia, junto con la de la INDEPENDENCIA. Ambos momentos históricos los conmemoramos en LAS FIESTAS PATRIAS, los días 14 y 15 de septiembre.
Análisis Táctico de la Batalla
 (Por Francisco Barbosa, Teniente Coronel del Ejército de Nicaragua)
Filibusteros en Nicaragua
Según Walker, para finales de 1856, su ejército llegaba a 2,000 hombres. En Granada tenían su Cuartel General, el Primer Batallón de Rifleros y un almacén de intendencia. Las demás unidades de combate estaban ubicadas así: el Segundo Batallón de Rifleros, comandado por McDonald, en Tipitapa; un Batallón de Ingeniería Ligera en Masaya; una Compañía de Rifleros en Managua; y dos compañías en Río San Juan. Tenían rifles Sharps, Minié y Misissippi, revólveres Colt y artillería ligera: morteros, cañones y obuses.
Tropas de Estrada En julio de 1856, el coronel Fernando Chamorro confió una columna de cien hombres al coronel José Dolores Estrada con la misión de dirigirse a los llanos de Ostócal,  cerca de Tipitapa, para impedir el robo de ganado y el abastecimiento de alimentos de las tropas filibusteras de Managua, Tipitapa y Granada. En las instrucciones a Estrada, se enfatizaba evitar enfrenamientos con las fuerzas de Walker a no ser “que les cortaran la retirada”. Los nicaragüenses, el 9 de agosto, llegaron a la hacienda San Jacinto, al  nordeste de Tipitapa. El 1 de septiembre, al capturar un yanqui, se enteraron de que tropas filibusteras se preparaban para atacar a las nacionales en esos llanos. Entonces, Estrada, con sus oficiales y tropas, decidió enfrentar a los filibusteros y organizar la defensa, considerando las características del lugar, la cantidad de tropas, el armamento y las municiones existentes.
Estrada solicitó refuerzos al mando del “Ejército del Septentrión”, los que llegaron el 11 de septiembre. Era una compañía de 66 indios flecheros matagalpinos. Luego, preparó el terreno para resistir un ataque de fuerzas mayores, principalmente en la dirección sur de la casa, y organizó sus 160 hombres en tres compañías, con las cuales planificó la organización de dos cercos defensivos: uno interno, alrededor de la casa;  otro externo, en la línea de los corrales de piedra y madera.
Antecedentes de la batalla El mando filibustero de Tipitapa sabía que, el 1 de septiembre, tropas nicaragüenses habían capturado un yanqui y que, además, ocupaban la Casa-hacienda; por ello, el coronel McDonald y el capitán Jarvis, con 40 filibusteros, decidieron atacarlos; pero en las cercanías de la Casa-hacienda encontraron una férrea resistencia que, después de dos horas, los obligó a retirarse. Murieron seis filibusteros, incluyendo a Jarvis;  capturaron 14 rifles, 4 espadas y 15 bestias. De los nacionales, el oficial Carlos Alegría resultó herido y el cabo Justo Rocha, muerto.
McDonald informó al Cuartel General sobre la situación de sus tropas y la necesidad de un ataque mayor. Walker, entonces, conformó una columna, incluyendo voluntarios de Granada y Masaya, la que llegó a Tipitapa el 13 de septiembre. Aquí se integró el coronel Byron Cole, quien asumió el mando con Marshall y O’Neal. Planificaron el ataque y se dirigieron hacia San Jacinto.
Ataque filibustero y desarrollo de las acciones Las tropas de Byron Cole, el 14 de septiembre, al amanecer, llegaron a San Jacinto, dividiéndose en tres columnas: la primera, mandada por el teniente Robert Milligan, atacó el flanco izquierdo del corral de madera; la segunda, por el mayor O’Neal, avanzó por el frente; y la tercera, del capitán Watkins, en dirección del flanco derecho, donde se unía el corral de madera con el cerco de piedra.
Estrada, informado del avance filibustero, ordenó no abrir fuego hasta que el enemigo estuviera cerca de las fortificaciones. Su puesto de mando estaba en el centro de la hacienda y distribuyó las tropas así: en el flanco derecho, las de los tenientes Alejandro Eva, Miguel Vélez y Adán Solís; en el centro, la compañía del capitán Francisco Sacasa; y, en el flanco izquierdo, al oficial Ignacio Jarquín, apoyado por los oficiales Salvador Bolaños y Venancio Zaragoza.
Byron Cole mandó atacar y las tres columnas, simultáneamente, atacaron con rifles y revólveres, siendo rechazadas por los nicaragüenses, a pesar de la desventaja ante la superioridad del armamento contrario. Los nacionales tenían rifles de chispa y escasa munición; los filibusteros, revólveres y fusiles de repetición.  
Después de las primeras horas, recrudecieron los combates, imponiéndose la lucha cuerpo a cuerpo. Los extranjeros rompieron la defensa del flanco izquierdo y Estrada reforzó esta posición con los oficiales Vélez, Eva y Solís. La lucha era violenta y, a falta de municiones, algunos siguieron el ejemplo de Andrés Castro, quien derribó a un filibustero de una pedrada. La situación seguía crítica para los nacionales. Los filibusteros, a las 10 de la mañana, al romper el cerco defensivo, iniciaron un reagrupamiento para concentrar sus esfuerzos en esa dirección.
Entonces, Estrada envió al capitán Liberato Cisne, al teniente José Ciero y al subteniente Juan Fonseca con sus escuadras a atacarlos por la retaguardia y los filibusteros huyeron hacia la hacienda San Idelfonso. El capitán Bartolo Sandoval, el teniente Miguel Vélez, -en bestias-, y soldados a pie los persiguieron. En esta heroica acción, el sargento Francisco Gómez murió de fatiga. Este esfuerzo dio su fruto, pues consiguieron matar a Byron Cole y asegurar la victoria.
Resultados
Estrada, en el Parte Oficial, reflejó los resultados de esta batalla. Hubo 10 muertos y 7 heridos nicaragüenses.  De los filibusteros, 27 muertos y, además, capturaron 20 bestias, 25 pistolas, 32 rifles Sharp, 47 paradas, chamarras y sombreros.
Esta Batalla influyó enormemente en los patriotas nicaragüenses y centroamericanos. Muchos de sus gloriosos combatientes continuaron luchando hasta la expulsión de Walker. El coronel Estrada, por sus relevantes méritos, especialmente por las acciones de San Jacinto, fue ascendido, el 25 de junio de 1857, a General de Brigada.
Para Estrada, la Batalla de San Jacinto fue una acción más en el cumplimiento de su deber ciudadano, luchando contra el expansionismo filibustero esclavista en Centroamérica.  

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